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martes, 15 de julio de 2014

Las tormentas de arena y polvo de África llegan a América.


El desierto del Sahara influye en el clima de América del norte y el Caribe de una manera que no se sabía hasta ahora. El Instituto Scripps de Oceanografía, cuya sede está en La Jolla, California, documentó que cada año las tormentas de arena en el norte de África transportan 450 millones de toneladas de polvo terrestre, de las cuales 43 % ingresa al Atlántico norte.
Los minerales transportados desde suelos africanos provocan un enfriamiento en la superficie marina que altera el flujo de agua y aire hacia el poniente del Atlántico, en dirección hacia la zona que colinda con el Golfo de México y el mar Caribe. Aunque es prematuro afirmar que el polvo de África estimula la presencia de huracanes en América, la evidencia señala que las tormentas africanas sí juegan un rol en el cambio de clima del Caribe y Golfo de México.
Las tormentas de arena, tormentas de polvo o polvaredas son fenómenos meteorológicos que pueden reducir la visibilidad a nivel cero y llegan a durar una o dos semanas continuas con vientos que desprenden la capa superior de los suelos. Las mayores de este tipo se registran en el desierto del Sahara, Arabia Saudita, Mongolia, China y Australia.
Uno de los aspectos innovadores en la investigación de la doctora Martínez Avellaneda es que no sólo considera al polvo como un elemento que enfría al mar por obstaculizar el paso del Sol, también ha planteado la hipótesis de que el polvo del norte de África funciona como una especie de fertilizante para organismos vegetales marinos que también alteran la temperatura.
“Las arenas del Sahara son muy ricas en hierro y éste sirve para nutrir al fitoplancton. Nuestra hipótesis es que la arena no sólo absorbe la radiación del Sol sino que al haber más polvo en el mar se generan más organismos con clorofila en el agua y esto impide que la luz llegue más profundo y, por lo tanto, desciende la temperatura del agua”, explicó la investigadora de Scripps.
Cuando el agua de un océano tan grande como el Atlántico es muy fría en una zona y muy caliente en otra, se generan corrientes que se desplazan aceleradamente de una latitud a otra para compensar esas diferencias de temperatura. Esto son los cambios atípicos en la circulación oceánica.

“El cambio de uso de suelo en África está impactando en otras latitudes. No significa que hay que sembrar árboles en el desierto sino que otras partes de África donde hay mucha deforestación están generando vientos poderosos que después arrastran la arena. Esto es algo que la ciencia está documentando y que sería ideal que llegue rápidamente a los tomadores de decisiones, como los que se reunirán en diciembre en la Cumbre de Cambio Climático en Cancún, México”, añadió Martínez Avellaneda.
Gracias al desarrollo de la tecnología satelital, que permite observar desde el espacio la formación de las nubes de polvo y su posterior desplazamiento, los científicos abrieron el camino para avanzar en esas investigaciones. Cada año llegan a América y Europa grandes cantidades de partículas de polvo en forma de nubes procedentes del desierto del Sahara, que emergen del continente africano y son transportadas en dirección oeste hacia esta región por el flujo de los vientos alisios.
Las tormentas de arena en el Sáhara provocan que se eleven a la atmósfera grandes cantidades de polvo y arena que, suspendidos, logran viajar grandes distancias mucho más allá del desierto, logrando alcanzar Europa o América. Por lo general una vez que ocurre una tormenta de polvo (se diferencia de la de arena cuando el tamaño de la partícula es menor de cien micras), este elemento al ser más ligero sube hasta alturas de 5 a 7 kilómetros, y forma una masa de aire muy caliente, cuya humedad relativa es de apenas un 3%.
Una parte de estas nubes puede avanzar por la zona de las islas Canarias y afectar a España, Portugal y Gran Bretaña, mientras las otras se mueven por el Atlántico y llegan al mar Caribe, aproximadamente a los seis días de registrada la tormenta.
Si bien otros desiertos como el de Gobi, en Asia, tributan también polvo a la atmósfera, el del Sahara es el que tiene mayor incidencia sobre el hemisferio occidental.




Una tormenta de Arena en el Sahara vista desde la ISS
La arena del Sahara se levanta cuando el aire cálido del desierto choca con el aire más fresco de la región de Sahel - justo al sur del Sahara. Mientras que las partículas ascendentes se remolinan, los vientos alisios intensos comienzan a soplar hacia el oeste en el Atlántico Norte. Las tormentas de polvo se forman, sobre todo, durante los meses del verano y del invierno, pero en algunos años - por razones que no se entienden - apenas se forman en todos.







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