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lunes, 15 de diciembre de 2014

Niño había caído en la piscina....

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El agua es una gran fuente de diversión para los más chicos, pero también puede representar cierto peligro. Por eso, los padres deben tomar algunas precauciones y acompañar a sus hijos en el proceso de aprendizaje.
Los niños hasta el primer año de vida se suelen adaptar mejor al agua que si son expuestos a ella con más edad.
Los bebés están familiarizados con el medio en el que se han desarrollado durante nueve meses, el líquido amniótico en el útero materno. El feto es capaz de sobrevivir en el líquido porque tiene el llamado "reflejo de apnea", mediante el cual la glotis se cierra para impedir el paso del agua a los pulmones.
Aunque algunas teorías defienden aprovechar esta condición del recién nacido para exponerle al agua antes de cumplidos los tres meses. En general, se recomienda esperar a que el sistema inmunológico del bebé esté desarrollado, en torno a los seis meses, para evitar y reducir en lo posible, resfriados e infecciones.
Esta práctica se realiza siempre bajo la supervisión de un monitor y con el apoyo de los padres. En los bebés de esta edad se intenta estimular su motricidad y crear un ambiente placentero y afectivo al lado del padre o de la madre. En el agua, el bebé tiene una gran libertad, mueve las extremidades, chapotea, tonifica la espalda y fortalece las vértebras cervicales. Gana autonomía y confianza en un medio que reconoce como gratificante.

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